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Cuando voy subiendo

por | Feb 3, 2025 | Diario

Casi siempre soy capaz de pedir un plato distinto en Crepes. Veo esa carta repleta de opciones y mi decisión -la mayoría de las veces- es probar algo que no haya comido antes. Algo nuevo. 

Me gustan las recomendaciones semanales de Spotify, pongo el radio de canciones que me gustan para encontrar otras nuevas. Voy a festivales de música para descubrir y enamorarme de artistas que nunca había escuchado. 

Eso es algo que podría describirme como persona. 

Hace unos meses, conversando con Jairo, le dije que no sabía qué había pasado con mi fuerza. –Me desconozco, le repetí. Yo era otra persona. Era ese que jamás admitiría algo por debajo de lo aceptable con alguien. Era el que se iría sin dudarlo de cualquier lugar en el que no se sintiera bienvenido. Tenía una fuerza adentro mío que usaba para impulsarme a vivir mi vida sin pedir perdón al irme de todos los lugares que me dolían. 

Trabajamos en eso varias sesiones. Lo recuerdo. Entendí por qué, hasta cuándo y para qué flexibilicé mis límites en la vida. 

Me entendí, me abracé, me prometí que todo iba a estar bien. Incluso miré de nuevo con más curiosidad todas las cosas que hay conmigo y me sorprendí de la red que construí con amigos que vendrían por mí a cualquier parte para conversar y hacerme sentir mejor

Yo era el que probaría un plato nuevo sin miedo de que otra vez saliera picante y ya no me gustara porque odio el picante. Al mismo tiempo me convertí en el que, muerto de miedo, no quería cambiar nada sobre su vida. 

Si hay algo cierto en estar vivos es que lo que no para es el movimiento . De eso me enteraría después. Otras personas lo han dicho de formas más bellas que yo, pero significa lo mismo. 

Hace un mes, entonces, usé una nueva fuerza que me impulsó a inscribirme en una clase de danza. Danza contemporánea. Luego a los días, llorando con Sara por teléfono, me inscribí también a una de improvisación. 

La vida, de la nada, los lunes y jueves por la noche me tiene grandes lecciones. Todo lo que me dicen yo siento que no me lo dicen para la clase sino para la vida. Me veo a mí mismo en los compañeros y a veces también intento ignorar que ellos están ahí para que no me dé tanta pena hacer el ridículo. También me río con algunos de ellos cuando coincidimos entre miradas de: ¿qué vine a hacer yo aquí? 

La clase de danza pasada fue la mejor prueba. Salí frustradísimo. No soy capaz de tocarme los pies, me veo todo el tiempo en un espejo que me recuerda que no camino lo más derecho posible, soy torpe en los pasos, veo a la profesora que parece caer suavemente al piso y yo solo doy tumbos entre un movimiento y otro intentando entender cómo hace ella para verse así. Entre instrucciones y mi intento por lograr aunque fuera una sola de las figuras, la escuché decir: “si usted no sabe pa’ donde va cuando sube, pierde el impulso”. 

Me quedé pensando en eso el resto de la noche. Bueno, en eso y en que me quería salir de la clase porque no era un bailarín profesional en menos de dos semanas. 

Pensé en que ella se refería al ejercicio en el que tenía que apoyarme sobre el empeine, subir la rodilla, levantarme y aprovechar el impulso para girar y volver a la posición inicial. Pero yo entendí otra cosa. Pensé: ¿para dónde voy cuando voy subiendo? porque no quiero perder el impulso. 

Igual me pasó en la clase de impro. La profesora, seria, nos dice: hay que aceptar, decir que sí a todo, construir sobre lo que el otro dice, dejarlo terminar de hablar para poder saber qué responder. Y yo solo pienso cada vez: qué increíble, es como si estar aquí de repente me hubiera hecho caer en cuenta de todas las cosas en mi vida a las que todo el tiempo les estoy diciendo que no, en toda la gente que no dejo terminar de hablar, en las veces que me hace falta construir sobre lo que los otros me proponen. 

Dos semanas de clases. Solo dos. Y ese arrebato de haberme inscrito a la clase de baile que siempre quise e imaginarme compartiendo más tiempo con Sara me devolvieron al José que no le tiene miedo a probar ese plato que trae lo que nunca he comido, al que escucha al barrendero mexicano que se lanzó al estrellato en Tiktok porque quiere descubrir algo nuevo y el que (ojalá) nunca más acepte menos de lo que sabe que la vida tiene para él.

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