Todo lo que no le dije a Sam Smith

por | Mar 5, 2026 | Diario

Ese momento duró un segundo en mi mente. Quería decir muchas cosas como los otros, palabras de admiración llenas de sentimientos, incluso contarle desde dónde vinimos. Pero no me salió nada. Cuando vi a Sam Smith lo único que pude decir, balbuceando, fue: ¡Sam!, ¡Sam!. Luego, el cogió mi celular, abrió la cámara, tomó una foto que luego parecería hecha con Iphone 4 y yo recibiría mi celular sin ser capaz de decir nada más.

Nos sentamos a procesar lo que había pasado, casi atónitos. Ese momento en el que uno no es capaz de entender tan rápido que algo que quería que pasara -pero creía imposible-, pasara al fin.

Después de ese concierto conocí mi canción favorita de Sam Smith: The lighthouse keeper. Una canción que habla sobre seguir remando y perseguir las señales. Hoy, pensando en esa canción, recordé que me quedaron algunas cosas por decirle a Sam Smith entre la puerta del teatro y el carro al que se iba a subir al final.

Querido Sam,

Hace muchos meses estuve con Mateo, acostados en su casa, escuchando The thrill of it all. Escogimos cada uno una canción de tusa de esas que acompañan desde el principio cuando todo se siente como un abismo que va creciendo, hasta que un día, por fin, uno deja de llorar con la misma letra y se vuelve un recuerdo de esa vez en la que un muchacho le partió a uno el corazón.

Yo estaba muy triste, pero había pasado ya de largo los peores días. Escogí One last song. En ese momento los dos estábamos cerca de irnos a un viaje a Europa. Nuestro primer viaje internacional, la emoción de las primeras veces, todas las cosas que queríamos vivir y sentir en el otro lado del mundo.

Antes de irme a ese viaje, la escuché todos los días, muchas veces. Me sorprendí de que esa canción que escribiste con Tyler Johnson sonara como si la hubiéramos escrito tú y yo. Cada momento, desesperado, tranquilo, entregado, hablaba de lo que estaba viviendo yo ocho años después de que esa música saliera al mundo.

Es un milagro la forma en la que la música nos permite recordar que la vida se parece mucho entre nosotros, que estamos interconectados de formas profundas y que un día yo viviría algo que tú ya viviste y que se volvió una canción que cantaba con rabia para alguien a quien no le mandaría nunca más canciones.

Es charro, ahora que me acuerdo, porque Mateo escogió Midnight train. Yo me sentía terrible por él, porque cuando se escucha esa canción, algo adentro se quiebra por primera vez. Y no se repara.

Su dolor era muy distinto al mío, claro. Pero era dolor. En las canciones que tú escribiste éramos iguales, aunque todo lo demás fuera distinto.

Esa sensación de ser los mismos, aunque estuviéramos sintiendo cosas diferentes, no la he sentido tantas veces. Quería contártelo. ¿Cómo es que algo que uno hace termina siendo la banda sonora de otro? Tal vez ya te lo has preguntado antes. A mí me parece que debe sentirse raro.

Hace poco alguien me dijo que hay artistas que no se pueden escuchar en el día a día porque sus canciones son insoportables y le tocan a uno heridas que, si no se dejan de molestar, no se terminan de cerrar. Y ese también fui yo.

Caminé con la herida abierta todo lo que pude. Me la llevé de paseo. Lloré con ella y sobre ella. Me avergoncé de hacerla evidente. La mostré en todas partes. Nos hicimos amigos, enemigos, parásitos el uno del otro. Llevar una herida que no se cierra es un momento de mi vida que abracé como pude para que esa vez, la última vez, yo pudiera un día cerrarla y no volverla a ver nunca más.

Me gustaría saber si tú escribes canciones para eso. Para mostrar una herida que no se cierra o para saber que las heridas no son para siempre. O algo así.

Y gracias, obvio. Porque vine en un avión desde otro país con miedo de que escuchar una de esas canciones me hiciera una herida nueva y yo tuviera que sentir todo desde cero, otra vez. Pero fue distinto. Canté sobre otras cosas, sentí algo nuevo.

Así es la música (y la vida).

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